TIRÚA | Cuecas, juegos tradicionales, música, volantines, cabalgata y hasta palo encebado fueron parte de la segunda versión de la Fondita Barrial Las Dunas, realizada en el Parque Puelmapu de Tirúa. Una celebración de Fiestas Patrias que permitió a vecinos y vecinas reencontrarse, recuperar antiguas tradiciones y, especialmente, volver a organizar una fiesta construida entre todos.

La actividad fue impulsada por el Programa Quiero Mi Barrio del Ministerio de Vivienda y Urbanismo junto a la Municipalidad de Tirúa y contó con la colaboración de las juntas de vecinos N.° 1, 2 y 3, el Consejo Vecinal de Desarrollo, Hogar de Cristo, el Club de Rodeo Chileno Tirúa, las agrupaciones folclóricas Amigos Cuequeros y Ecos del Lafken, eademás de locales comerciales y vecinos y vecinas del barrio.

Fue precisamente esa suma de voluntades la que permitió recuperar una forma de celebrar que los habitantes más antiguos del territorio recuerdan con especial cariño. Esas fiestas organizadas “a pulso”, donde cada familia aportaba desde sus posibilidades y la comunidad completa colaboraba para hacerlas realidad.

Durante la jornada, el Parque Puelmapu se convirtió en punto de encuentro para familias de distintas generaciones. La programación contempló una cabalgata por la costanera, concursos de payas y cuecas, juegos inflables, palo encebado, emboque, carrera en saco, argollas y una choripanada comunitaria.

También se realizó el concurso del “volantín más creativo”, que invitó a las familias a elaborar sus propias creaciones y recuperar una de las tradiciones características de septiembre.

Otro de los momentos centrales fue el desafío “18 cuecas por el 18”, que convocó a vecinos y vecinas en torno al baile nacional y transformó la música y el folclor en una nueva oportunidad para compartir.

El seremi de Vivienda y Urbanismo del Biobío, Anselmo Villagra Cabello, destacó que este tipo de iniciativas representa una dimensión fundamental del trabajo que Quiero Mi Barrio desarrolla junto a las comunidades.

“Cuando hablamos de recuperar un barrio, no hablamos solamente de mejorar sus espacios públicos. También hablamos de fortalecer los vínculos entre las personas, recuperar la historia y las tradiciones que les dan identidad y apoyar a las organizaciones para que sigan construyendo comunidad. Esta fondita refleja justamente ese espíritu. Vecinos, organizaciones e instituciones trabajando juntos para reencontrarse y hacer barrio”, señaló el seremi.

Por su parte, el alcalde de Tirúa, José Linco Garrido, sostuvo que “como administración municipal nos alegra ver que el trabajo mancomunado entre organizaciones, vecinos e instituciones puede generar este tipo de actividades que tan bien le hacen a nuestra cultura y territorio. Como municipio siempre estaremos comprometidos con fortalecer la organización y participación vecinal”.

Más allá de la programación, la Fondita Barrial Las Dunas tuvo un componente que comenzó mucho antes de la celebración con reuniones, coordinaciones, aportes y trabajo conjunto entre organizaciones, instituciones, emprendedores y habitantes del territorio.

El presidente del Consejo Vecinal de Desarrollo y de la Junta de Vecinos N.° 1 de Tirúa, Juan Carlos Montecinos, valoró especialmente esa capacidad de organización. “Como vecinos, participar de este tipo de organizaciones nos alegra bastante, ya que nos permite recordar cómo se vivían las celebraciones antiguamente, rescatando nuestras tradiciones. La fondita barrial, sin duda, es un ejemplo de apoyo mutuo entre organizaciones, vecinos, emprendedores e instituciones”.

La segunda Fondita Barrial permitió que tradiciones que forman parte de la memoria del territorio volvieran a vivirse y fueran compartidas también con las nuevas generaciones.

Ese trabajo forma parte de la mirada integral del Programa Quiero mi Barrio, que combina el mejoramiento de los espacios públicos con iniciativas sociales orientadas a fortalecer la participación, la identidad, la organización y los vínculos entre quienes habitan un mismo territorio.

En Las Dunas, esta vez ese objetivo tomó forma de cuecas, volantines, juegos y colaboración vecinal. Una celebración que recuperó parte de la memoria del barrio y, al mismo tiempo, volvió a demostrar que encontrarse, organizarse y mantener vivas las tradiciones también es una forma de construir comunidad.

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